La teoría de la acción comunicativa permite una categorización de la trama de la vida social con la que se puede dar razón de las paradojas de la modernidad.

Se define a la acción comunicativa como la interacción entre dos sujetos capaces de comunicarse lingüísticamente y de efectuar acciones para establecer una relación interpersonal.

 

Según la revista de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la Teoría de la Acción Comunicativa (1982), fue desarrollada por Jürgen Habermas, en la que articula la complejidad de su trabajo alrededor de la “racionalidad comunicativa” como tema central de su teoría de la sociedad. Desarrolla este tema a través de la filosofía analítica del lenguaje, la hermenéutica, la antropología de la cultura, la Teoría de Sistemas y la Teoría Crítica.

 

Habermas, nació en 1928, es uno de los sociólogos de mayor relevancia de la actualidad. Su trabajo empieza en la Escuela Crítica que se desarrolla en la Universidad de Frankfurt. Su idea central se inscribe en una teoría de la racionalización de la sociedad y de aquí se desprende su cercanía con la obra de Max Weber (Rodríguez & Opazo, 2009).

 

Esta teoría centra su interés en el entendimiento lingüístico como coordinación de acciones. Si se sitúa en el plano del oyente se pueden distinguir tres planos: a) entiende lo que oye, capta el significado de lo que escucha; b) toma posición con un sí o un no ante la pretensión vinculado al acto del habla. Acepta o rechaza la pretensión contenida en el acto de habla y c) sobre la base del acuerdo, conduce sus acciones conforme a orientaciones de acción convencionalmente establecidas.

 

Además, en un acto de habla se establece un efecto coordinador entre el plano semántico de la comprensión del significado y el plano empírico del desarrollo consecuente de la interacción, de las acciones mutuamente referidas. Este es el sentido de lo que Habermas, llama la pragmática universal y se encuentra estrechamente sintonizada con las ideas de Searle.

 

Además, se puede decir que el lenguaje es la base para formular la teoría de entenderse de la acción comunicativa y según Habermas es el acuerdo lingüístico y claro entre las personas al que se llega a través de la acción comunicativa.

 

A la vez que Habermas usa una tipología de la acción cruzando las diferencias: ámbitos de la acción y orientación de esta, resultando: a) acción instrumental (se ajusta a las reglas técnicas y busca una adaptación instrumental en el mundo físico), b) acción estratégica (está orientada hacia el logro del éxito egocéntrico) y c) acción comunicativa (orientada a la producción de un acuerdo entre actores). En el caso de la acción instrumental y la acción estratégica tienen como objetivo lograr lo que el actor se propone.

 

La pragmática universal busca explicar cuál es la fuerza contenida en un acto de habla, la que permite coordinar las acciones sobre la base de un acuerdo. La semántica es la capacidad de comprender el significado de la comunicación y se refiere a las reglas de interpretación. Mientras la sintaxis está referida a las reglas de construcción de las oraciones y, por su lado, la pragmática formal trata de conectar la oración con la intención del emisor de la oración. Más allá de la semántica y la pragmática formal está la pragmática universal, cuyo objetivo es establecer cómo es posible que la emisión de una oración (acto de habla) coordine con las acciones de los actores (Rodríguez & Opazo, 2009).

 

Entonces, desde esta perspectiva, un acto de habla es saber qué es lo que lo hace aceptable. Un acto de habla es aceptable cuando cumple con las condiciones requeridas para que un oyente pueda tomar posición con un sí o un no frente a las pretensiones del hablante.

La Teoría de la acción comunicativa, referente imprescindible para la filosofía y las ciencias sociales contemporáneas, desarrolla un concepto de razón comunicativa.

 

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